lunes, 28 de octubre de 2013

LA IMAGINACION ESTÁ EN EL AIRE.

Que un lugar no esté en los mapas, no nos impide viajar a él.
Para eso, tenemos la imaginación”
La Vieja Hada.


La Compañía IMAGINAIR anuncia la salida de su vuelo 7CHOCO7 con destino a la Bóveda Celeste. Rogamos a todos los pasajeros que se dirijan al tobogán de embarque señalado con una chocolatina gigante”

Ana y Jens aceleraron el paso al escuchar la voz de llamada, con un gesto de sorpresa ante la extraña puerta de salida . Y es que este viaje no se parecía a ningún otro. Empezando por la megafonía, tarea encargada a una guacamaya de colores que recorría revoloteando los pasillos del aeropuerto para informar sobre las novedades del destino. La exótica portavoz, dejaba caer una pluma amarilla sobre los pasajeros rezagados para llamar su atención, al tiempo que continuaba con sus comunicados.

Recordamos que el vuelo 7CHOCO7 de la Compañía IMAGINAIR está reservado para los niños que viajan solos, o para todos los mayores que se sientan niños de corazón. Abstenerse aquellos que no crean en la magia de la fantasía porque no conseguirán despegar”

-¡Mira, ahí está la chocolatina!- gritó Jens muy animado.
-¡Es enorme!- exclamó Ana con la boca tan abierta que le cabría un elefante.
Y ambos emprendieron una carrera entre risas para ponerse en la fila que ya comenzaba a formarse.


Para amenizar la espera, un mago vestido con uniforme de aviación y su “azafahada” ayudante, hacían juegos a los viajeros. En vez de chistera, utilizaba su gorra de piloto, de la que sacaba nubes blancas y gorditas que elevaba por encima de las cabezas, y con un movimiento de una pequeña torre de control mágica a modo de varita, hacía que se deshicieran convertidas en copos de nieve, ante el asombro general. Y además, extraía aviones de juguete de detrás de las orejas de sus espectadores...O introducía a la “azafahada” en una vieja maleta de cuero , cubierta de pegatinas de todos los países, y la hacía desaparecer provocando murmullos de admiración.
Y así, entre truco y truco, llegó el turno del embarque para Ana y Jens.
Una viejecita con aspecto de adivina, se encontraba tras el mostrador sujetando una bola de cristal entre las manos, con la misión de averiguar el nombre de todos los pasajeros. La guacamaya locutora, una vez terminada su misión, se posó en su hombro,
-Vamos a ver -dijo la anciana concentrándose-. Dejadme pensar...Vosotros sois...
-Yo me llamo....
-¡No, no me digáis nada! -Interrumpió la adivina abriendo los ojos de golpe.
-Madame Lunette...-susurró el pájaro.
-¡Ni tú tampoco ! ¡Que en vez guacamaya, pareces un loro! ¿No estás todavía afónica, después de todo el día haciendo de megafonía? -comentó un tanto alterada-. Sólo necesito un poco de silencio... Ya, ya me va llegando la imagen...Je...Jes...No, no Jens...y A...Ana..,¡Eso es ! Ana y Jens- confirmó muy orgullosa de su acierto-. Podéis pasar. La “azafahada” os entregará una onza de chocolate con el número de vuestro asiento.
Y así fue como de un salto y propulsada por sus alas, la joven se elevó hasta el panel de chocolate para partir sus dulces tarjetas de embarque. Ya quedaban menos de la mitad.
-Aquí tenéis , chicos: Nubes 7 y 9 - indicó con la mejor de sus sonrisas la “azafahada”, mientras les entregaba la porción de chocolate con su nombre y número de asiento grabado-. Ahora, sólo tenéis que lanzaros por ese tobogán y llegaréis al avión volando! ¡Y no os la comáis hasta estar dentro del
avión! ¡Feliz Viaje!
Ana y Jens subieron por las escaleras del tobogán y en lo más alto se encontraron sudoroso y temblón a un astronauta con escafandra y todo.
-¿Qué te pasa?- le preguntaron los niños con extrañeza.
-¡Sufro de vértigo!- se lamentó.
-¿Vértigo un astronauta? ¡Es lo más raro que he escuchado en mi vida!- comentó Jens llevándose las manos a la cabeza.
-Sí, ya lo sé....No tengo problemas para subir hasta lo más alto, pero cuando llega el momento del descenso...¡lo paso fatal! Y aquí me tenéis, practicando...Si no lo supero ¡¡¡jamás aprobaré el examen de la agencia aeroespacial!!!-dijo muy compungido.
-¿Y si nos tiramos juntos?-sugirió Ana- Primero, se sienta Jens, luego tú en el medio, y yo detrás. Y a la de tres, nos lanzamos muy agarraditos, ¿qué te parece?
-No sé...chicos...¡Me da tanta vergüenza!
-¡No pasa nada porque alguien te de un empujoncito! Verás como después todo te resultará más fácil! -invitó Jens.
Y sin dejarle tiempo para contestar, cada cual fue tomando su posición y a la voz de “¡YA!” se lanzaron en picado, resonando en todo el aeropuerto el grito desgarrador del astronauta, que descendía con los ojos tan cerrados que parecían cosidos con grapas. Tras varios giros de tirabuzón, “el trío Koala” salió proyectado hacia el interior del avión sin soltarse y cayó sobre la alfombra de la nave, de la especie “voladora” , que se elevaba un metro por encima del suelo y conducía a cada pasajero a su respectiva nube.
-Nubes 7 y 9 -anunció la alfombra.
Y con una sacudida, lanzó a los niños a su nube prosiguiendo su camino hacia la del astronauta.
-¡Adiós amigos! ¡Gracias por vuestra ayuda!
-¡Llámanos si nos necesitas en el aterrizaje! -le dijeron los niños, muy orgullosos de su hazaña.
Al cabo de una rato, los pasajeros estaban ya instalados. Y la guacamaya, comenzó a revolotear dando las indicaciones de seguridad para el despegue.
Siguiendo las normas imaginarias de navegación, les rogamos que se hundan profundamente en su nube y se coman su onza de chocolate para iniciar el ascenso”
Cuando todos se hubieron introducido su dulce tarjeta de embarque en la boca, comenzaron a despegar. Los niños se encontraban muy confortables acurrucados dentro de su nube gordita y esponjosa.
Si algún pasajero necesita más luz, le informamos de que disponen de una luciérnaga personal en el compartimento situado sobre sus cabezas”
Nuestro mago, acompañado de una “azafahada” pasará a continuación para que encarguen lo que más les apetezca para comer. Ya saben que pueden pedir lo que deseen y él lo sacará de su gorra mágica”
-¡Guau!!Qué bien! - se alegraron los niños, mientras imaginaban platos inventados.
-¿Tenéis “bocatas” de gominolas y dulce de leche- preguntó Jens
-¡Aquí está!- dijo el mago, haciéndolo levitar desde su gorra.
-¿Y sopa de frutas con bolitas de chocolate? -pidió Ana
-¡En exclusiva para la señorita! - dijo la “azafahada”,acercándole un plato con forma de piña y un cuchara de caramelo.
Atención, señores pasajeros, mientras comen les invitamos a disfrutar del espectáculo que la compañía Gnomilandia representa en las bolas de cristal situadas enfrente de su nube, que lleva por título “Gnomo Jones y la Seta Maldita”. Para que la obra de comienzo, bastará con agitar enérgicamente la bola”
Y así lo hicieron Jens y Ana, al tiempo que rebañaban sus platos. Cuando la obra estaba ya tocando a su fin, descubrieron muy cerca un precioso arco iris al que se dirigían.
El Comandante les comunica que, dadas las condiciones atmosféricas favorables, vamos a seguir
la ruta del Arco Iris. Les recomendamos que permanezcan sentados en su nube para contemplar los diferentes fenómenos que circulan por las vías de colores”
Y de repente, una estrella fugaz les adelantó dejando un preciosa estela de plata. A la derecha, una meteorito circulaba chamuscando a su paso la calle naranja.
-¡Mira, esa rayo está buscando su tormenta! -comentó Ana, al ver una línea de luz avanzando con rapidez hacia una nube negra y densa. ¡Uff! Y el encuentro fue un festival de truenos acompañados de otros efectos sonoros y visuales.
La nave aminoró la velocidad porque en la vía de la derecha estaba teniendo lugar un desfile organizado por lo signos del zodíaco. Abrían la marcha los gemelos Géminis, seguidos de Virgo a lomos de Sagitario y todos los signos restantes, cerrando la cabalgata Leo que avanzaba arrogante y seguro.
-¡Aries y tauro están peleando!-señaló Jens-¡Se han enganchado por los cuernos!
Y en esa instante, un rugido ensordecedor paró en seco a los signos revoltosos que ocuparon su posición en la fila , mientras Leo sacudía su melena, altivo y orgulloso, por haber conseguido restaurar la alineación perfecta.
En uno de los arcenes, varias estrellitas reflectantes avisaban de que algún vehículo estaba en apuros. Al acercarse, Ana y Jens pudieron comprobar que se trataba ni más ni menos que del trineo de Santa Claus, y que varios de sus renos parecían haber perdido las herraduras aunque ya, un equipo de elfos en misión de urgencia, estaba tomando medidas a sus pezuñas.
Algo más adelante, los niños vislumbraron una bruma negruzca y sobrenatural.
-¿Qué será aquello? -preguntó Ana, mientras su cuerpo se sacudía con un escalofrío.
-Es una expedición de brujas que se dirigen a su Akelarre Anual -comentó la “azafahada” con expresión misteriosa.
-¿Akequé...?-se interesó Jens.
-AKELARRE -pronunció la “azafahada” remarcando cada letra-.Una convención de brujas de todos
los lugares del mundo donde se presentan los últimos avances de la brujería: calderos para placas de vitrocerámica, escobas eléctricas, hechizos para móviles...Incluso las nuevas tendencias en pócimas y brebajes. El año pasado llevamos como pasajera a una brujita que tenía rota su escoba.
Un olor a azufre mezclado con huevo podrido y excrementos se coló en la nave al adelantar al grupo.
-¡Puaaaj! ¡¡¡Es asqueroso!!!-se quejaron los niños.
-¡Repugnante!- trataremos de contrarrestarlo, dijo la “azafahada” cogiendo su varita de torre de control y agitándola con energía para que pétalos de flores inundaran la estancia con su perfume.
-¡Uhmm! -esto es otra cosa, comentaron los niños aliviados mirando la expedición que se quedaba atrás.
Llegó la venta a bordo, cuyos tesoros se encontraban en un viejo cofre de madera de la época de los piratas. Y dentro, estrellitas a modo de broche, cuadernos de notas con forma de nube, perfume celestial, peluches de Osa Mayor, bolígrafos con la silueta de una torre de control...y muchos más recuerdos del viaje. Y para pagar bastaba con un beso o una sonrisa.
Después del bullicio donde todos participaron eligiendo una pequeña parte del “botín”, la guacamaya anunció:
Señores pasajeros les informamos que nuestro comandante ha iniciado las maniobras de aproximación al aeropuerto y en breves momentos aterrizaremos. Les rogamos que se sumerjan de nuevo en su nube y permanezcan acurrucaditos en ella hasta que tomemos tierra. Todos los miembros de la tripulación del 7CHOCO7 deseamos que hayan tenido un feliz vuelo y esperamos verlos muy pronto de nuevo en nuestra compañía IMAGINAIR”.
Antes de terminar la frase, el astronauta ya se había sumergido tan hondo en su nube, que solo asomaba un trocito de escafandra. Ojos que no ven...
¡¡¡Ohhhh!!!!”, se escuchó como un coro general de lamento.

Y es que nadie quería regresar. La excursión de ida y vuelta a la Bóveda Celeste, se había pasado volando...
Cuando Ana y Jens llegaron a la terminal del aeropuerto, lo primero que hicieron fue mirar los próximos vuelos de la compañía IMAGINAIR.
-¡Mira! ¡¡¡Visita a un satélite meteorológico!!!-gritó Ana.
-¡Con demostración en vivo de efectos especiales de huracanes! ¿Nos apuntamos? -preguntó casi afirmando Jens.
-¡Pues claro! Y otro día podemos ir al Zoo de las Constelaciones , y otro a...
Y es que la imaginación está en el aire.
Sólo hay que dejarla volar.










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