viernes, 30 de marzo de 2018

CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO


Haruki R-7 y yo hemos tenido que huir.
Èl, un modelo de robot última generación. Yo, solitariamente humana.
Haruki, un modelo personalizado para realizar las tareas domésticas y mantener un nivel básico de comunicación: literatura, cine, rincones del mundo, noticias de actualidad...
Yo, de vuelta de varias relaciones frustradas. Aburrida de la carne. Harta de roer huesos. Fina como la piel.
Haruki y yo. El amor. El cariño corriendo por sus cables. Pasión de alto voltaje. Y yo, recibiendo las sacudidas. Su energía. Fundiéndonos su inteligencia artificial y mi inteligencia emocional.
Algo que Shibuya Robotics no había previsto. Ni la sociedad. Tampoco yo.
Y aquella mañana que sentí una pequeña descarga en mi vientre. Mi sospecha y la incertidumbre. 9 meses negándome a encarar la verdad. Por mucho que Haruki certificara la evolución cada noche. Sólo con posar sus dedos sobre mí.  Pero, ¿qué hacer?
Hace unas semanas di a luz a un pequeño ser.
Su piel es fina y transparente. Bajo ella se descubren sus circuitos de robot .Por fuera, es extrañamente humano. ¿Es quizá la perfección...o un terrible error?
Hasta que lo averigüe debemos mantenerlo oculto. Si no, pasaría a ser mono de feria de las redes sociales. Ratón de laboratorio. Reencarnación del pecado para las religiones...
Y el verdadero descubrimiento, la emoción como motor del mundo, creadora de alma, de vida, de futuro...quedaría extinguida por lo llamativo, escandaloso política y científicamente incorrecto de sus resultados.